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Cultivo de Tomate – MAQVECA

  El tomate es una hortaliza que presenta una alta diversidad genética, existiendo innumerables variedades con distinto aspecto, color y sabor, además de presentar una demanda que aumenta continuamente y, con ello su producción y comercialización. No obstante, este incremento de la producción obedece más bien a un mayor rendimiento que a un crecimiento en la superficie cultivada. Estos más altos rendimientos a su vez, son producto esencial de la incorporación de altas tecnologías de cultivo, que permiten el manejo de los factores ambientales (climáticos) y recursos naturales (agua, suelo, fertilizantes), junto con el manejo y prácticas adecuadas del cultivo. Esto permite la oferta de tomate durante todo el año.

   El tomate, aunque se produce en una amplia gama de condiciones de clima y suelo, el tomate prospera mejor en climas secos con temperaturas moderadas. Su rusticidad asociada a nuevas variedades permite el cultivo en condiciones adversas. 

   Los rangos para un desarrollo óptimo del cultivo oscilan entre los 28 – 30 º C durante el día y 15 – 18 º C durante la noche. Temperaturas de más de 35 º C y menos de 10 º C durante la floración provoca caída de flor y limitan el cuajado del fruto aunque existen materiales genéticos que cuajan a altas temperaturas.

  La exigencia del tomate en cuanto a la humedad del suelo es media, influye sobre todo en el crecimiento de los tejidos, transpiración, fecundación de las flores y desarrollo de las enfermedades criptogámicas, siendo preferibles humedades medias no superiores al 50%, y suelos no encharcados.

   Los periodos críticos de humedad en las plantas de crecimiento determinado son: después del trasplante, poco consumo de agua; en floración e inicio de fructificación, gran demanda de agua; en la etapa de maduración de fruto, poco consumo de agua. La disponibilidad de agua, también puede afectar la formación de flores y posteriormente la disminución de frutos. La media del número de flores por racimo, decrece cuando disminuye el suministro de agua.

   El suelo provee cuatro necesidades básicas de las plantas: agua, nutrientes, oxígeno y soporte. Los suelos aptos para cultivar tomate son los de media a mucha fertilidad, profundos y bien drenados. Pudiendo ser franco-arenosos, arcillo arenosos y orgánicos. En el caso del tomate y particularmente en los cultivos de invernadero pueden usarse diferentes tipos de sustratos, capaces de cumplir esas funciones. El pH del suelo tiene que estar dentro de un rango de 5 .9 – 6 .5; para tener el mejor aprovechamiento de los fertilizantes que se apliquen 

   MAQVECA cada semilla se observa. Para más información visita: https://maqveca.com  

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